Sabrina Carpenter será Ginger Rogers y Margaret Qualley, Adele Astaire: Tom Holland ya tiene a sus compañeras de baile en el biopic de Fred Astaire
Loret Camargo | Ahora TV
El biopic de Fred Astaire que Tom Holland lleva años soñando por fin tiene cara, cuerpo y pareja de baile. Sabrina Carpenter interpretará a Ginger Rogers y Margaret Qualley a Adele Astaire, la hermana mayor y primera compañera de escenario del legendario bailarín. Holland será Fred. La película, todavía sin título, la produce Sony Pictures y la dirige Paul King, el cineasta de Paddington y Wonka.
La noticia encaja con el recorte de Entertainment Tonight que circuló en redes: las “leading ladies” ya están confirmadas. No es un musical cualquiera. Es el intento de llevar a la pantalla a uno de los artistas más precisos —y más imitados— del siglo XX, y de rescatar al mismo tiempo a la hermana cuya carrera se apagó cuando Hollywood se quedó solo con Fred.
De Broadway al cine… y lo que la historia se comió
Fred y Adele Astaire fueron estrellas primero en Broadway y después en el West End de Londres. Ella era la mayor, la que abría camino; él, el hermano que más tarde se convertiría en el rostro del musical hollywoodense. Cuando Adele se retiró para casarse, Fred cruzó a la pantalla. Ahí nació la sociedad que todo el mundo recuerda: Fred Astaire y Ginger Rogers, diez películas juntas, entre ellas The Gay Divorcee, Top Hat, Swing Time y, años después, The Barkleys of Broadway.
King lo resume así en el comunicado oficial:
“Estoy emocionado y honrado de que me hayan confiado llevar a la pantalla grande la historia de Fred Astaire y de su primera compañera de baile: su hermana mayor, Adele. Fred dejó un legado eterno de danza en el cine —sobre todo en sus colaboraciones con Ginger Rogers—, mientras que el trabajo de Adele se perdió en la historia; de hecho, no sobrevive ningún material de ella bailando. El reto cinematográfico de devolver a la vida a estos íconos del siglo XX es algo que no podría imaginar sin Tom Holland, Margaret Qualley y Sabrina Carpenter a mi lado”.
Ese detalle —que no existe metraje de Adele bailando— es el corazón dramático del proyecto. El filme no solo quiere recrear a Ginger en tacones. Quiere inventar, con rigor, lo que el archivo nunca guardó.
El libro, el guion y la familia
El guion lo firman el propio King y Steven Levenson (Fosse/Verdon, tick, tick… BOOM!, Dear Evan Hansen), a partir del libro The Astaires: Fred & Adele de Kathleen Riley, que además trabaja como consultora de historia y de guion.
El proyecto cuenta con el respaldo de parte de la familia. Ava Astaire McKenzie, hija de Fred, dijo que con la biografía de Riley como base y con este equipo creativo, “la historia de su sociedad, dentro y fuera del escenario, está en las mejores manos”. Su hijo, Tyler McKenzie, figura como consultor y coproductor.
Amy Pascal produce para Sony, junto a Rachel O’Connor y el propio Holland, entre otros. El rodaje se perfila para enero de 2027.
Holland: ilusión, pánico y nada de dobles
Holland no llega de cero. Empezó como bailarín: de niño protagonizó Billy Elliot en el West End. En entrevistas recientes —en Good Morning America y en Live with Kelly and Mark— contó que ya tuvo sus primeros ensayos y que la sensación fue doble: “me llenó de emoción y de un pánico absoluto, porque tengo muchísimo trabajo por delante para intentar estar a la altura de Fred”.
Su plan es ambicioso y, si lo cumple, casi temerario:
quiere no usar dobles,
hacer él todos los números de baile
y filmarlos en un solo plano, “como lo habría hecho él”.
También admitió una de las frases más reveladoras de su carrera: “uno de mis mayores arrepentimientos es que, cuando terminé Billy Elliot, dejé de bailar”. Volver al estudio, volver a las zapatillas de tap, es para él reencontrar un mundo al que dice deberle casi todo.
¿Queda memoria muscular? Sí, respondió. Todavía puede hacer los números de Billy Elliot. El problema, bromeó, es que si los hiciera ahora delante de los coreógrafos originales “se pondrían furiosos”, porque ya no se ven como cuando tenía doce años.
Después de un verano monstruo con Spider-Man: Brand New Day y The Odyssey, este es el siguiente paso que él mismo ha marcado: dejar la telaraña, ponerse el frac y intentar no traicionar a Astaire.
Por qué este casting encaja (y por qué da miedo)
Margaret Qualley llega con formación de danza clásica y un cuerpo de actriz que ya ha demostrado disciplina extrema en cine. Adele no es un adorno familiar: es el origen. Sin ella no hay Fred de escenario.
Sabrina Carpenter no es solo una estrella del pop. Empezó como actriz en Disney (Girl Meets World) y ahora carga con un magnetismo de escenario que el personaje de Ginger pide: brillo, timing, presencia y la capacidad de hacer que el número se vea fácil cuando no lo es. Ginger Rogers, recuerdan siempre, lo hacía todo “hacia atrás y en tacones”. El chiste viejo vuelve a aplicar.
Hay un extra pop: Carpenter y Qualley ya coincidieron este año en el video de “House Tour”, de Man’s Best Friend. El biopic las vuelve a juntar, esta vez con Holland en el medio y con un listón histórico que no perdona un paso flojo.
La altura también importa más de lo que parece. Astaire medía cerca de 1.75; Rogers, alrededor de 1.63. Holland ronda el 1.73 y Carpenter es pequeña. En un musical clásico, el encuadre de la pareja no es vanidad: es coreografía.
Lo que la película quiere contar
Por lo que ha dicho King, el foco no es solo “Fred y Ginger en Hollywood”. Es Fred y Adele primero: el dúo que conquistó Nueva York y Londres, la separación cuando ella eligió otra vida, y después el salto de él al cine, donde Ginger se convirtió en la compañera que el público nunca olvidó.
En otras palabras: el origen que casi nadie filmó y el mito que todo el mundo cree conocer.
El listón
Nadie finge un número de Fred Astaire. Si el pie no aguanta, la película se cae. Holland lo sabe; por eso habla de ensayo, de miedo y de planos secuencia. Carpenter y Qualley entran en ese mismo terreno: no basta con parecerse al afiche. Hay que moverse como si el archivo en blanco y negro acabara de rebobinarse.
Sony ya tiene el trío. King ya tiene la frase. La familia, al menos una parte, ya dio su bendición literaria. Falta lo más difícil: que cuando las luces se enciendan, el público no vea a Spider-Man, a la popstar ni a la actriz de moda, sino a Fred, a Adele y a Ginger cruzando otra vez el escenario.
La pista, por fin, está armada. Ahora toca bailar de verdad.